miércoles, 10 de noviembre de 2010

¿Inalcanzable?

Uno pensaría que Roger Federer ya está harto de ganar el título en Basilea. Claro, es su ciudad natal, pero el torneo que allí se juega es un ATP 500, bastante menos significativo que los prestigiosos Masters 1000 que suele disputar el suizo, y ni hablar de compararlo con un Grand Slam. Antes de la última semana, Federer ya había capturado el trofeo de Basilea en tres oportunidades. ¿No se harta este hombre de posar para esas fotos rodeado de niños de Basilea, que parlotean acerca de su anhelo de crecer y convertirse en... Roger?
Nah, nada de eso. Federer agregó su cuarto título allí el domingo último. Y lo hizo con una exhibición brillante y eficiente ante Novak Djokovic, que ha estado jugando realmente bien este último par de meses. Tras la victoria, Federer habló: "Es muy emocionante ganar en casa, hace que el triunfo sea extra especial. Porque vivo aquí, y porque los fanáticos me apoyan".
Claro que esos elementos también pueden causar que el juego de cualquier jugador, amateur o profesional, decaiga ante una presión adicional. Jugar en casa puede ser un desafío de peso. Todos esos "fanáticos que apoyan" también tienen cuchillos, y están más que satisfechos de clavártelos en la espalda si te atreves a decepcionarlos. Pregúntenle si no me creen a Stanislas Wawrinka, un reciente top 10 que sólo una vez pudo superar los cuartos de final jugando en Basilea, en siete participaciones.
Pero Roger no. ¿Creen que jugar contra Rafa Nadal en todas esas finales de Roland Garros y Wimbledon no le da a un hombre una visión ligeramente diferente, una perspectiva algo distinta acerca de lo que constituye un desafío?
Su título en Basilea fue el número 65 de su carrera en la ATP, y llevó al suizo al cuarto lugar en el listado histórico de ganadores en el circuito. Tiene uno más que su admirado Pete Sampras, pero todavía le queda un gigante por cazar: Jimmy Connors. La verdad es que esa marca de 109 campeonatos que ostenta el americano parece oculta por una nube de niebla, allí arriba, imposible de igualar. ¿Cómo es posible que un jugador como Jimbo, que sufrió golpes en la mandíbula por parte de rivales como Bjorn Borg, John McEnroe e Ivan Lendl, se las arreglara para levantar semejante cantidad de trofeos?
La respuesta está basada, en parte, en un asterisco en la historia del tenis. Cuando Connors apareció en el Tour, los circuitos competitivos, incluyendo el de primer nivel llamado en aquel entonces World Championship Tenis y el más humilde tour de la USTA (entre otros) tenían eventos profesionales legítimos. La cantidad de torneos terminaba diluyendo la competitividad .Todavía sucede en la actualidad, excepto quizá en las semanas que se juegan torneos de élite, pero este calendario de hoy está menos cargado, y por lo tanto los jugadores asisten a loas mismas competencias. Como resultado, los torneos tienen mayor paridad. Uno puede correr, pero no puede esconderse como hizo Connors en sus comienzos, cuando todos los jugadores consagrados jugaban en el circuito de la WCT. En ese entonces, Connors comenzó a engordar su currículum ante jugadores conocidos en los círculos de alta competición como "latas de tomate".
Igualmente, seamos justos: el componente principal del récord de Connors es su longevidad. Todavía jugaba en el alto nivel a los 40 (en aquel cumpleaños le dio una paliza a Jaime Oncins para conseguir su victoria número 98 en el US Open, un récord, y aceptó una torta de cumpleaños poblada de velas dentro de la cancha después del match). Federer está a punto de cumplir 29 y debería jugar al menos una década más de tenis de nivel ATP antes de siquiera soñar con desafiar a Connors como el Más Viejo de Todos los Tiempos.
Pero aquí está la cuestión que asusta: Federer, como Connors, ama el tenis. No es uno de esos hombres que sueñe con sacar uno de esos inescuchables álbumes de rock and roll, o que quiera dejar todo para estudiar biología marina y salvar a los delfines. Igual que Connors, está enamorado del juego. En el pasado, el gigante Jimbo mostró una resistencia admirable cuando Borg, McEnroe y Lendl comenzaron a ganarle, y en muchos casos fue él quien consiguió reír último en esas rivalidades.
El mayor enemigo que Federer enfrenta hoy es su orgullo. Si el ascenso de Nadal, Djokovic y quizá algunos otros por venir causan que Federer pierda su gusto por la batalla, entonces el récord de Connors seguirá seguro. Pero si se decide a pelear pese a los golpes recibidos y se mantiene fiel a lo que mejor hace, entonces el récord puede llegar a estar dentro de su alcance. Un promedio de cuatro títulos o más dentro de la próxima década parece mucho que pedir, pero en esta tarea, títulos como el conseguido en Basilea cuentan tanto como un triunfo en Wimbledon.
Hasta ahora, la carrera de Federer se ha basado en el talento. A partir de ahora, las preguntas que permanecen tienen que ver con la permanencia.

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